EL CORREO GALLEGO. Siglo XXI. Actores del cambio

Miguel Conde, empresario: “¡Qué coño!, Galicia es una sociedad globalizada”

LUIS POUSA • SANTIAGO

“Mi padre es de A Coruña, de varias generaciones de coruñeses; mi madre, del Bierzo. Mis padres fueron emigrantes en Venezuela. Cuando yo tenía 7 años, nos vinimos para A Coruña. Me eduqué aquí, pero allí me dio tiempo a aprender que tenían un árbol nacional, el araguaney, un pájaro nacional, el turpial, una flor nacional, la orquídea, y un himno nacional. En España no había ni un árbol nacional, ni una flor, ni un pájaro, bueno había algunos pájaros, pero también los había allí y los sigue habiendo, y no se callan. Para mí fue decepcionante que el himno español no tuviese letra y que no hubiese papel aluminio; en los bares y las en cafeterías había papel elefante. Ahora es al revés, pero antes el emigrante volvía con aires de grandeza, porque aquí faltaban muchas cosas: no había batidoras, ni licuadoras, ni nada”, cuenta Miguel Conde Lobato (Caracas, 1963; casado; tres hijas) empresario de éxito en el campo de la publicidad y el márquetin con la firma BAP-Conde, que ha extendido sus dominios a Madrid. Miguel Conde es un filósofo de la publicidad. Un tipo muy imaginativo que, de repente y como quien no quiere la cosa, te suelta, hablando de sus preferencias por el cine, que el teniente Colombo, “era gallego; la gabardina era de moda gallega, la llevaba arrugada. Me toca demostrarlo, pero estoy seguro de que era gallego: se hacía el parvo, tenía la mayeútica de la pregunta y nunca decía las cosas directamente”. No sabemos que diría de ésto Peter Falk, el actor neoyorquino, de familia judía, que encarnó el papel del teniente Colombo. Hubo un tiempo, tenía 17 años, en que Miguel Conde se sintió fascinado por la figura de Humprey Bogart, y vio todas sus películas: “es una personalidad que no requiere demasiados sueños, es muy terrena y muy estética”. Pero fue Kung Fu lo que le conectó “con el mundo de la espiritualidad y la reflexión. Un tipo en pleno oeste reflexionando, entre pelea y pelea, con su maestro Po, es una maravilla”. ¿Y una película mítica para él? Alguien voló sobre el nido del cuco.
_ ¿El origen de todo es el coco?
_ El coco es lo que nos hace humanos; nos despega un poco del resto de la pirámide zoológica; en otro sentido, es el motor de la sociedad. Un mito rebelde, irónico, simpático, que nos ha llevado a ser la primera empresa de publicidad gallega que abre oficinas de una forma estable y seria en Madrid, para atender el resto del mercado español; llegar allí y decir cocos gallegos, cuando en el mundo del márquetin, a priori, ser gallego sería una debilidad.
_ ¿Porqué una debilidad?
_ Si dijéramos que somos de Oklahoma o Wisconsin, dos sitios rurales de la América profunda, quedaría fardón, porque en el mundo del márquetin todo lo que huela a inglés o a externo parece que queda mejor. En el fondo, ser como somos nos ha hecho un favor: al escucharnos, la gente empieza a decir, oye estos tipos saben de lo que hablan y pueden ser interesantes. Por lo tanto, para nosotros, lo de los cocos es un buen principio, y además, lo hacemos reivindicando el talento, en general, de Galicia.
_ ¿En qué espejo se miran los publicistas?
_ El creativo publicitario se ha mirado mucho en el espejo de los roqueros. Cuando hablo con mis compañeros de profesión, les digo: por qué no nos miramos en el espejo de los arquitectos, de los cineastas, de los periodistas. Con 55 o 60 años pareciera que ya no se puede trabajar en publicidad, y Stanley Kubrick murió de muy mayor casi rodando, arquitectos como Siza o Foster ahí siguen, pese a su edad. Los paradigmas son distintos: nosotros buscamos la dignificación, el respeto y el reconocimiento social desarrollando una empresa que da trabajo directo a 80 personas, e indirecto a casi 500. El 50 por ciento de nuestro volumen de negocio lo genera Madrid, pero todo se factura desde aquí y los impuestos se pagan aquí. El talento tiene en nosotros un sitio para poder trabajar sin necesidad de coger la maleta e irse para Madrid o Barcelona.
_ ¿Cuando va a Madrid, viaja como un gallego?
_ Viajo como un gallego que quiere romper los tópicos de lo que era el concepto de gallego, y ejerzo de gallego en todos los sitios. En la isla de Pascua me paró un tipo y me preguntó de dónde era yo, le dije que era gallego, y él me respondió: “vaya, nunca lo hubiera creído, pues tiene usted cara de inteligente”. No te cuento lo que yo le respondí, pero iría setenta veces a la isla de Pascua para que ese chileno dejase de decir esas cosas. Tengo la suerte de que toda mi estirpe, mis tatarabuelos, mis bisabuelos, mis abuelos y mis padres han contribuido a una formación que me permite que yo reivindique su memoria y trabajo no sólo porque mis hijas tengan un entorno económico adecuado para llegar a ser Norman Foster o Francis Coppola, sino que, además, consideren que vivir en Galicia no es un obstáculo para ellas; no es una putada ni un problema. Cuando estuve en Nueva York me traje la letra del famoso New York, New York: I make there, i make very well; si lo puedo hacer ahí, lo puedo hacer en cualquier lado. Me gustaría que eso lo pudiéramos decir desde Galicia: si lo puedo hacer aquí, lo puedo hacer en cualquier sitio.
_ ¿En 2007, al gallego todavía lo ven en la mitad de la escalera?
_ Lo de en la mitad de la escalera no es cierto; en absoluto. Es verdad que, comparados con otras zonas, somos más crípticos, más reservados; tenemos un concepto de la intimidad diferente al que tienen en el sur de España. Lo de la metáfora de la mitad de la escalera y si subes o si bajas, fue visto durante mucho tiempo, no por nosotros que sí sabemos si subimos o bajamos, como un defecto; entendían que nuestra indefinición era debida a una falta de talento o aturdimiento natural que nos impedía decidir. También había la percepción de que los gallegos o eran muy listos, muy listos o muy tontos, muy tontos. Dos de los dictadores de mayor permanencia en el poder en la historia de la humanidad son gallegos o hijo de gallegos: Franco y Fidel Castro. No es que ésto sea presentable, pero es cierto que somos resistentes. Admitámoslo, somos crípticos, pero ¿es malo ser así? Pues no, cada uno es como es, ni bueno ni malo. Una prudencia reflexiva e inteligente es una virtud. Ahora, me gustaría que no fuese por miedo, porque creamos que por no decir algo no vamos a sufrir.
_ ¿Galicia vende bien?
_ Cada vez que alguien habla de que Galicia es clásica, oigo decir al lado, y muy rural. He pensado mucho sobre ello, y resulta que no necesariamente ser rural es ser muy clásico. Los mejores y más modernos pintores gallegos son de Lalín; los intelectuales más brillantes proceden de ámbitos semiurbanos. Las ciudades gallegas fueron tremendamente clásicas y anquilosadas. El atraso era igual en el medio urbano que en el medio rural.
_ ¿Vende bien o no vende bien?
_ De cara al exterior nos falta poner en valor mejor las cosas, aunque estamos haciendo grandísimos avances. Tenemos uno de los vinos blancos mejor vendido del mundo: el Rías Baixas. Nos falta por descubrir muchas cosas de nosotros mismos, y proyectarnos hacia un mundo cada vez más global.
_ ¿El ‘Prestige’ puso a Galicia en el mapa turístico?
_ Déjame decirte antes una cosa en la que yo vengo insistiendo: nosotros somos una de las sociedades más globalizadas del mundo, fruto de la emigración, y, más allá de los folclórico, todavía no hemos sabido gestionar eso.
_ ¿Convertir lo que fue una debilidad en una fortaleza?
_ Por supuesto, y llegará. Ojalá que cuando hablasen de Galicia, dijesen: ¡Qué coño!, es una sociedad globalizada. Deberíamos reivindicar que Cervantes, Cervantes Saavedra, era gallego. Si don Miguel se llega a apellidar Pujol y otro apellido catalán, ¿no dirían los catalanes que era catalán?; si se llega a apellidar Garaikoetxea Urticoetxea, ¿no dirían los vascos que era vasco? ¡Cómo no estamos reivindicado como gallego al autor de la novela de la humanidad! Nos falta depredación. Pero, ¿cuál era la pregunta que me hiciste antes?
_ ¿El ‘Prestisge’ puso a Galicia en el mapa turístico?
_ Ver a un pueblo que se lanza a recoger con las manos el chapapote es una escena que no hay director de cine al que se le hubiese ocurrido. Viví aquella situación: fue tan bestial, tan intensa, tan dramática, tan auténtica. Pocas veces se puede resumir de una forma tan gráfica el amor a una tierra; el apego y la capacidad de lucha y esfuerzo de aquella gente, mostrándose de una forma espontánea, organizados de una forma civil. Y la mucha gente que vino a aquí.
_ ¿Qué consecuencias tuvo?
_ Una enorme energía positiva, que hizo que la gente llorase por las playas; playas que, desde ese momento, se convirtieron en añoradas, y, cuando estuvieron limpias fueron más atractivas. Lo difícil de establecer con un consumidor es la conexión emocional, y en este caso es muy posible que el Prestige haya contribuido a emocionalizar a esa Galicia que lucha por sí misma. Fue una sacudida para todos. En el documental de Al Gore, Una verdad incómoda, hay la metáfora visual de la rana: si echas una rana en un lugar hirviendo, salta, el problema es cuando vas calentando poco a poco el agua, va subiendo la temperatura y la rana termina muriendo. Bueno, pues a los gallegos nos pasó algo parecido: nos estábamos cociendo y no nos dábamos cuenta. Y lo que hizo el Prestige fue que hirvió el agua de repente, saltamos y dijimos: esto no puede ser así, el futuro lo tenemos que decidir entre nosotros. Fue el gran aldabonazo.
_ ¿Mejoró la imagen externa de Galicia?
_ Por supuesto. No quiero que se interprete que hay que hundir un barco de vez en cuando. Aparte de la marea negra, lo que la gente recuerda es la reacción de los gallegos. El Prestige manchó las playas, pero le dio un lustre enorme a nuestra energía como gallegos.
_ ¿Qué hacer con la Cidade da Cultura?
_ Una de las ciudades más feas del planeta era Bilbao. ¿Quién iría a Bilbao si no encuentra la foto del Guggenheim? La Cidade da Cultura es un activo para todos los gallegos, un elemento que debe completar el atractivo de marca del país, y debería ser apoyado con sentido de Estado. Tiene que divulgarse más, que la gente lo viva y presuma de ello.
EL PERFIL
 
“Lo digital acaba con la humanidad”
 
¿Recuerda su primer ordenador?
Sí. Era un Commodore Big 20; montamos una productora de cine en el colegio y lo utilizábamos para titular.
¿Cuando llegó el teléfono móvil, se planteó no utilizarlo?
Nunca, nunca; soy un adicto a la tecnología. Sin embargo, ahora sí que me lo planteo, porque he llegado a la conclusión de que lo digital acaba con la humanidad; le ha metido una velocidad más al tiempo, eso hace que todo vaya demasiado deprisa, y ni el ser humano ni el planeta están capacitados para ir tan deprisa.
¿Lee el periódico en Internet?
No, a mi me gusta la mezcla de olores del papel y la tinta al desayunar. Lo que pasa es que cada vez valoro más los artículos de opinión, porque de las últimas noticias me informo por otros medios más rápidos, como el móvil.
¿Qué libros está leyendo?
20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne, y un libro de filosofía de COU, que compré un día por curiosidad, para ver lo que habíamos estudiado, y es una maravilla. Esta vuelta atrás creo que es algo freudiano: la no aceptación de la edad que tengo. Me gustan mucho los ensayos y admiro a los ensayistas, porque tienen el don de meterse en territorios complejos y salir airosos.
¿Qué tal se lleva con la cocina?
Honestamente, hago los mejores huevos fritos con patatas fritas del norte de España. Mérito compartido al cincuenta por ciento entre mi habilidad culinaria y mis gallinas, las de Mos y las piñeiras, que me surten de huevos caseros. Las patatas son ecológicas, proceden de una leira que tengo al lado de la casa y son plantadas y recogidas por toda la familia. En fin, si sumo lo que cuesta todo eso, da para comer percebes y de todo.
¿Sabe planchar?
Sí, pero me cuesta mucho. He comprado aparatos que planchan solos, y no funcionan. Me gustan las camisas muy bien planchadas. El resto, manteles, toallas, etc, está chupado.
¿Pone la lavadora?
Sí, sin problemas. Ahora si con estas preguntas intentas saber si hay un hombre laborioso dentro de mí, pues te digo que no. Sé hacerlo, y me gusta dar ejemplo delante de mis hijas. Fui partidario de la igualdad entre hombre y mujer, ahora lo soy de la superioridad femenina. Con tres hijas, no me queda otra opción.
¿Y cose?
Tuve una fábrica de ropa a los veinte años; sé lo que es hacer ojales, pegar entretelas, cortar patrones y, por supuesto, coser botones, y poco más. Hubo un tiempo en el que intenté bordar, porque decían que era muy bueno para los nervios: pues a mí me desesperó.
¿Tiene animales de compañía?
En una ocasión le preguntaron eso mismo en el colegio a una hija mía. Ella hizo dibujitos y respondió que teníamos iguanas, perros, gatos, peces, tortugas, ranas, caballos, ponis, gallinas, faisanes, patos… Y me llamó la psicóloga del colegio, para decirme que la niña tenía demasiada imaginación y era algo patológico. Le respondí: pues la niña le dice la verdad.
 
PUBLICACIÓN ORIGINAL: http://www.elcorreogallego.es/galicia/ecg/miguel-conde-empresario-cono-galicia-es-sociedad-globalizada/idEdicion-2007-11-29/idNoticia-237525/

 



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