¿Qué está pasando?

POR UN LADO…

Si alguien tuviese una máquina de detectar energías sociales (como estos aparatos que tartamudean su señal mientras buscan metales bajo tierra) y la pusiese a funcionar sobre nuestra sociedad, encontraría entre fuertes pitidos de su sirena indicadora las enormes ganas de la gente de encontrar un culo al que patear: las ganas de castigar a los culpables de una situación que sufren, que les angustia, que no entienden y de la que consideran que no tienen responsabilidad alguna.

Una sombra de temor mancha el estado de ánimo colectivo: la crisis siempre la pagarán los mismos, los más débiles, y los poderosos (económicamente) volverán a salirse con la suya…

Y los que mandan… ¡Vaya desengaño! Ellos tendrían que haberlo evitado, para eso están, pero no hacen nada, solo figurar, y disfrutar de los privilegios del poder. No dan ejemplo. Coches oficiales, billetes de avión en business, actos protocolarios cuasifeudales.

La sociedad piensa que está mal pilotada: que no la llevan a donde deberían, y que ellos son los que acabarán pagando los platos rotos. Y al menos en esto último, aciertan.

POR EL OTRO…

Curiosamente “la otra parte”, el contrincante habitual en la dialéctica social de los últimos años, los EMPRESARIOS sufren una inquietud parecida.

No me refiero a todas las empresas, me refiero a la gran mayoría, y posiblemente no a las más grandes. Porque en estos momentos una de las grandes preocupaciones de todos es SER COMPETITIVOS, o lo que es lo mismo: SER CADA DÍA MÁS EFICIENTES para poder hacer frente y competir contra productos cada vez más baratos que se esfuerzan en aparecer ante el consumidor como “prácticamente iguales”.

¿Puede ser que ambos temblemos por lo mismo?

Tenemos mucho más en común de lo que pueda parecer a simple vista…

#knowcosters



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